Valeri Theoret, de 37 años, se encontraba con su hija Adele, de 10 meses, cuando un oso las atacó. Sus cuerpos fueron descubiertos por su pareja, y padre de la bebé, no lejos de su cabaña en las orillas del lago Einarson, más de 400 kilómetros al noreste de Whitehorse.
Los canadienses, están bastante acostumbrados a convivir con la naturaleza salvaje. A sus habitantes, se les educa desde jóvenes, a prevenir las altas probabilidades de encontrarse con ejemplares de osos negros, grizzlys, que son los más agresivos, e incluso osos polares.
La familia se había retirado para la libranza, a una cabaña aislada de su propiedad, en el territorio del Yukón, adyacente a Alaska, y cerca del Círculo Polar Ártico, con el fin de vacacional.
El esposo de valeri, salió de la cabaña familiar por la mañana, y regresó a
eso de las tres de la tarde. Según relató a las autoridades, un ejemplar de
oso grizzli, le atacó por sorpresa a unos 100 metros de distancia del
refugio. El hombre consiguió disparar y acabar con la vida del oso, pero
llegó demasiado tarde para salvar a su esposa e hija, cuyos cuerpos yacían
en el interior de la cabaña.
La casa fue comprada hacía unos tres años del suceso, de acuerdo con algunos conocidos de la familia. Estos estaban acostumbrados a pasar largas temporadas en este entorno aislado, y a practicar tanto la caza deportiva como él trampeó. "Estaban al 100% preparados para cualquier eventualidad", explicó uno de los amigos, "pero nunca sabes qué puede ocurrir", agregó.
Todas las precauciones, y los conocimientos que tenían para manejar situaciones de convivencia extrema, no le bastó para preservar al 100% su integridad física, trayendo como consecuencia, el deceso de la madre y su bebé.